Nota de La Nueva de Bahia Blanca sobre el trío de cámara de tangos (11/07/2007)

Sujatovich y su trío, a puro tango

Caía la noche del 9 de julio con los primeros acordes del Himno Nacional Argentino. La sala mayor del Tetaro Municipal, completamente iluminada, cobijaba a un público que de pie comenzaba a entonar las primeras estrofas. El ambiente contenía un aire cosmopolita y porteño que invitaba al tango. A los primeros pizzicatos del violoncello, ejecutado por Patricio Villarejo, cuyos ecos sonaron repentinamente desde el centro del escenario, se sumó el violín de Damián Bolotin. Instantes después los acordes del piano de Leo Sujatovich completaron el Trío de Cámara de Tango, eje del encuentro.

NUEVE DE JUIO FOTO SEBASTIAN CORTES

NUEVE DE JUIO
FOTO SEBASTIAN CORTES

 A los primeros pizzicatos del violoncello, ejecutado por Patricio Villarejo, cuyos ecos sonaron repentinamente desde el centro del escenario, se sumó el violín de Damián Bolotin. Instantes después los acordes del piano de Leo Sujatovich completaron el Trío de Cámara de Tango, eje del encuentro.
Del estilo fugado de este “divertimento” inicial se desprendió la melodía de A fuego lento de Horacio Salgán. Se fue dibujando así la identidad de cada instrumento con la fuerte personalidad del tango. La riqueza armónica y melódica provocaba efectos sobre la partitura tradicional, otorgándole tintes contemporáneos.

También fue el caso de la interpretación de Gallo ciego, del mismo compositor.

Los últimos acordes acompañados por los “glisandos” del violín llevaron a Sujatovich a recordar su estancia en España y a explicar las influencias de compositores de esa nacionalidad, como Manuel de Falla, en su identidad artística. Y fue de esta manera como decidió “invitarlo al tango” –según sus propias palabras– de la mano de una de las piezas de El amor brujo, La danza ritual del fuego, obra que más tarde sería bailada por Julio Bocca.

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Piano, cello y violín en una colorida y maravillosa expresividad que llevaron al trío a una improvisación. Siguió brillando el sonido y la riqueza armónica, cargados de sentido estético y de tensión dramática, que caracterizaron al trío desde el comienzo.

Le siguió el turno a otro “tango español”, esta vez de Isaac Albéniz, extraído del compendio de música de salón de este compositor.

Otro clásico del tango argentino, Quejas de bandoneón de Juan de Dios Filiberto no pudo resistir la tentación de presentarse en el escenario y se abrió espacio dentro del repertorio en esta fecha tan especial.

Un solo de piano empezó a cantar la melodía de Pantomima , otra de las piezas de Manuel de Falla traídas al tango. Se unieron el violín y el cello en una perfecta cadencia expresiva.

Como reminiscencia de los tiempos de milonga –del verdadero “dos por cuatro”–, el trío interpretó una fusión de Milonga de mis amores y Nocturna.

El broche de oro fue una versión “tanguera-pop” de El choclo de Enrique Santos Dicépolo y Angel Villoldo.

El brillo de las interpretaciones de este trío, nominado en la categoría mejor álbum de tango para los Latin Grammys 2003, homenajeó las raíces culturales argentinas, cerrando asi los festejos del 9 de Julio en la ciudad.