Sandra Mihanovich: “Fue la noche más importante de mi vida” La Nación 26-8-15

En el Teatro Colón, la cantante brindó un show memorable, en el que rindió tributo a Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan con un repertorio jazzero que deslumbró a la audiencia

Todas las canciones que cantó anteaoche estuvieron ligadas a recuerdos personales, de sus comienzos escuchando discos de jazz y cantando en reuniones familiares, o tocando en esos boliches en los que fue desandando la formación de cuna jazzera.

“Ésta es la música con la que me crié y la que sonaba en la casa de mi abuela, la que cantaban mis tíos y la que yo escuchaba. Cuando estaba preparando el repertorio pensaba que me iba a tener que poner un telepronter para recordarlas, porque muchas de estas canciones nunca las había cantado. Pero de repente, mientras las ensayaba, me iba dando cuenta de que las sabía de memoria, como si las tuviera guardadas en los genes”, dice todavía con una pequeña carraspera por el esfuerzo interpretativo y emocional.

En más de una hora y media, Sandra Mihanovich ofreció un concierto notable, dividido en dos partes, en las que se paseó por los repertorios de las dos grandes damas del jazz con la sensibilidad y la soltura de una discípula dilecta, como si hubiera estado esperando toda su vida para cantar este repertorio. A pesar de que no fue fácil la previa -la ansiedad la carcomía, lloraba en los ensayos y hasta tuvo taquicardia-, a la hora de salir ante un Colón lleno, la artista mostró una naturalidad perturbadora. “Honestamente, cuando subí, fue para disfrutar de punta a punta. Estuve rodeada de músicos extraordinarios.”

Sandra en Colon

Es cierto, la cantante estuvo contenida musicalmente por un grupo muy versátil de músicos con el swing necesario para este tipo de repertorios: Nicolás Sánchez (guitarra), Juan Losoviz (contrabajo), Ezequiel Díaz (batería), Pablo Mosser (saxo), Franco Espíndola (trombón) y Vane Mihanovich (teclados). El director musical y pianista, Alejandro Devries, que la acompaña desde espectáculos como Honrar la vida, pensó con inteligencia y buen gusto los arreglos. Aprovechó la ductilidad de una banda capaz de emular la potencia de una big band, el mood del rhythm & blues, la intimidad cool del trío de jazz o el sonido gershwiniano y sinfónico. La línea de vientos, cuya cara visible fue el trompetista Juan Cruz de Urquiza, aportó musicalidad y fue la columna vertebral del sonido jazzero. El cuarteto de cuerdas dirigido por Patricio Villarejo trajo ese contexto sonoro sofisticado y lírico que es ideal para las baladas down tempo. Mientras que el formato clásico de jazz permitió el lucimiento de los solos de piano, contrabajo y guitarra eléctrica.

Para Sandra Mihanovich el concierto tuvo el espíritu del reencuentro con las vivencias emocionales, siempre con el hilo conductor de aquellas canciones inapelables que formaron parte del repertorio de Ella y Sarah. Y lo que quedó claro es que más allá de su derrotero artístico y su desarrollo dentro de la música pop, Sandra nació para cantar jazz. Fue sutil y audaz, a veces con una voz de terciopelo que traía elementos inconscientes de Ella Fitzgerald, como su modulación y su fraseo, y en otras lucía la garra, la búsqueda interpretativa en los matices y el temperamento de Sarah Vaughan.

Sandra Colon cuerdas

En el primer segmento de la noche, la cantante eligió piezas clásicas como “Night and Day”, “Fly Me to the Moon”, “My Funny Valentine” y “Lullaby of Birdland” con la colaboración del banjista Pablo Scenna, conocido por su trabajo en la Antigua Jazz Band. Para “Dream a Little Dream of Me” llamó por primera vez a su hermano Vane, para cantarla a dúo. Después evocó sus recuerdos adolescentes con “A House is Not a Home”, de Burt Bacharach y Hal David. Cada canción estaba ligada a una vivencia. De “Moon River”, una popular obra de los 60 que se hizo conocida por la película Desayuno en Tiffany, dijo que era la canción preferida de su abuela.

Los invitados dieron un lucimiento especial a las versiones. Ella sólo con su voz y Javier Malosetti en el contrabajo crearon uno de los momentos más electrizantes de la noche cuando interpretaron el blues “Cry Me a River”. El cierre de la primera parte quedaría para “Sunny”, una versión que Sandra extrajo del disco de Ella Fitzgerald Things Ain’t What They Used to Be (And You Better Believe It) de 1970.

En la segunda parte, la artista rescató obras contemporáneas como “Travessia (Bridges)”, de Milton Nascimiento, que grabó Sarah Vaughan en el disco O som brasileiro de 1978. La otra pieza de autor latinoamericano dentro del concierto fue “Sometime Ago” de su tío Sergio Mihanovich, a quien dedicó todo el concierto. El otro gran momento de la segunda parte fue con Adrián Iaies, con quien hizo una versión a dúo de la imbatible obra de Duke Ellington “I Got it Bad (and That Ain’t Good)”. Era la primera vez que compartían escenario, pero parecía que se conocían de toda la vida. “Over the Rainbow” junto a su hermano y especialmente su abordaje de “Summertime”en el primer bis de la noche pusieron los pelos de punta. “Misty” fue el cierre definitivo, celebrado con una ovación de pie que se extendió por varios minutos. Después, Sandra se fue a comer con sus amigos. Se acostó a las dos de la mañana y se levantó como todos los días luego de ocho horas de sueño. La noche había pasado, aunque no la olvidará por el resto de su vida..

Por Gabriel Plaza  | LA NACION