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Entrevista en BILLBOARD

 

Entrevista realizada por la revista Billboard Argentina a Patricio Villarejo en el ejemplar de Noviembre de 2013.

Patricio Villarejo formó parte de la orquesta de Pugliese, tocó con Piazzolla y con infinidad de músicos argentinos. Junto a su Kashmir Orquesta, bautizada así por Charly García, acompañó a SNM en los shows del Colón. Ahora lanza un nuevo disco, Desde algún lugar, que presentará el 6 de noviembre en Café Vinilo.

¿Cómo llegás a trabajar con Charly García?

–  Esto surge de sembrar muchos años de traba­jo en el mundo del rock, con artistas como Litto Nebbia, que es un referente para sus colegas. En un momento, Charly se queda sin director y sus co­laboradores le proponen trabajar conmigo. A prin­cipios de septiembre, comenzamos los ensayos. Entonces llega el momento en que veo a Charly, me lo presentan y él me dice: “Ah, ¿qué haces, Pato?” [risas]. Yo pensaba que el trato iba a ser más frío. Empezamos a trabajar enseguida. “Mira, la cosa es así”, dice, “yo lo que quiero haBillboard1cer es esto”, y enton­ces se pone a tocar. Después, tras varias semanas de trabajar con él, me di cuenta de que Charly habla dos palabras y toca media hora, todo lo que quiere explicar lo hace tocando, no te habla.

–  ¿Cuáles fueron las primeras indicaciones?

–  Cuando comenzó a tocar, en ese primer en­cuentro, le digo: “Eso me recuerda a los Beatles, a Strawberry Fields”. “Exactamente eso quiero, un George Martin. Un George Martin que venga y haga las cosas que hace él”, me responde. “Ok”, le contesto, lo conozco muy bien a Martin. Sé lo que hace. Escucho a los Beatles desde muy chico. A los 12 años saqué nota por nota todo el cuarteto de cuerdas de Yesterday. Al día siguiente, aparezco con partituras y me dice: “Esto me gusta, porque a mí no me dan partituras y yo siempre quería que me dieran partituras”. Lee los arreglos y me cuen­ta que le encanta, que siga así. Fue increíble haber arrancado nuestra relación de esa manera.

 

–  ¿Fue idea tuya incluir un fragmento de Kashmir (Led Zeppelin)?

–  Una vez en un ensayo, Charly se me acer­ca y me dice al oído: “¿Qué te parece Kashmir Orquesta?”. Y yo pensé: “Ya está, el nombre se lo puso Charly, no puedo decir que no”. Me fijé si estaba registrado, y por suerte nadie había lla­mado a su orquesta de esta manera. Así que él nos puso el nombre. Volviendo al tema de Ze­ppelin, me puse a investigarlo, a leer su letra. Y habla de cuestiones místicas, psicodélicas, hay mellotrones. Se lo comento y él me responde: “Ponelo en el show después de Los dinosaurios”. Cuando terminamos de ensayarlo por última vez, me dice: “Se me puso la piel de gallina, así que a la gente le va a pasar lo mismo” [risas]. Lo que me gusta de Charly es que a pesar de ser un genio, se fija mucho en las emociones. No busca que el público elogie cómo está puesto un acorde. Quiere que la música te llegue, que te lleve a algún lugar.

–  No solo tiene nombre tu orquesta, sino que también lanzas un nuevo álbum.

–  Se llama Desde algún lugar y reúne composi­ciones mías de distintas épocas. El productor es Litto Nebbia. Él tuvo la idea de mostrar a un compositor más que a un intérprete. A mí me gusta tocar en grupo, con batería, bajo, guitarra. Con ese trío de base me voy a presentar el 6 de noviembre en Café Vinilo.

–  ¿Qué invitados participan en el disco?

–  Nebbia

Billboard2

canta un tema que fue compuesto a me­dias por los dos, él hizo la letra y yo la música. Tam­bién participa Rodolfo García, ex baterista de Al­mendra, en percusión. Y después están Alejandro Santos, que quizás no es tan conocido en el ambien­te, pero que es un flautista y saxofonista muy res­petado; y el bandoneonista Héctor del Curto, que tocó conmigo en la orquesta de Osvaldo Pugliese.

–  ¿Qué recordás de tu paso por esa emblemática orquesta?

–  En aquella época estudiaba chelo como un animal, todo el día. Tocaba con mucha gente, y fue así que alguien me dijo que Pugliese estaba buscando chelista. Me presenté y el viejo me pidió que tocara Rompe y raja. “Empezás en Mar del Plata dentro de un mes”, me dijo. Al entrar en la orquesta de Pugliese, me hice músico profesional, y lo bueno de esto es que podía seguir estudiando sin tener que hacer otras cosas que me quitaban tiempo, porque Pugliese pagaba muy bien y era simplemente hacer dos conciertos por mes e ir al ensayo. Estuve seis años con él.

–  ¿Cómo era él en el trato cotidiano?

–  Él era uno más, vivía contento si estaba con la orquesta. En el primer ensayo me dijo: “Primero, nosotros somos laburantes de la música segundo, no se la crean”. Me pareció tan bueno el consejo, porque Pugliese era una leyenda de la música y el tipo era uno más con nosotros, cargaba, tenía mucho humor, nos ponía apodos a todos. A mí me apodó “Patoterito”, porque me decían “Pato”. “Vos sos un Pato sentimental, un Patoterito”, me dijo. Y quedó.

–  Con él tocaste por todos lados.

–  Sí, hicimos muchas giras: China, Japón, Finlandia, España, todos los países de Latinoamérica,  casi todo el mundo recorrimos con Pugliese.

–  ¿Cómo conocés a Astor Piazzolla?

–  Lo conocí tocando con Pugliese, porque mientras ensayábamos no era raro que cayera gente como Piazzolla, que venían a charlar con el viejo. Existía el mito de que Piazzolla estaba peleado con los tangueros, pero cuando venía a los ensayos, terminaba jugando al truco con Pugliese. El viejo nos decía: “Astor es un grande, pero nos obligó a estudiar a todos” [risas]. Creo que muchos tangueros no le perdonaron el hecho de que a partir de Piazzolla nada fue lo mismo y había que elevar mucho el nivel. Ástor dominaba el tango como ninguno, pero tenía una herencia jazzera, de música popular de los Estados Unidos que no podía negar. Vos en su música escuchás Buenos Aires, pero también Nueva York.

El primer concierto con Piazzolla fue en Holanda  en 1989. Lo interesante de Piazzola es que aprendías mucho viéndolo trabajar. Pugliese te enseñaba en los ensayos, se practicaba mucho, hasta que no estaba el sonido perfecto, no paraba; Piazzolla se preocupaba por el escenario, la escenografía, no le gustaba que la gente estuviera distraída. El músico tenía que concentrado en lo que hacía todo el tiempo, inclusive realizaba pruebas para ver si estaba concentrada la gente, eso era característico de él, de repente cambiaba algo para ver si estaban prestando atención y lo seguían [risas].

¿Daba lugar a improvisaciones?

–  Su música tiene un 80% que no es improvisación, pero hay mucho espacio para tocar lo de uno y a la mayoría de los músicos los dejaba tocar sus cosas, es verdad. Él decía: “Si yo pongo músicos ahí tocando es porque quiero a esos músicos haciendo lo que ellos hacen, no quiero que toquen lo que está escrito”, pero tampoco le gustaba que te saliera demasiado e hicieras lo tuyo, tenías que tocar la música de él, y está bien, tenía un gran concepto.

Fuente: Revista Billboard Argentina Noviembre 2013


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